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NOTICIA 15 (26-03-2009)

UN EMPLEADO DEL PARADOR RIBADENSE CRUZARÁ CORRIENDO EL DESIERTO MÁS ÁRIDO DEL MUNDO (NOTICIA: VOZ DE GALICIA).

El desierto de Atacama, el más árido del planeta, ocupa la región del norte de Chile. Es un lugar en donde se han registrado períodos de 400 años sin lluvias, con temperaturas que a lo largo del año oscilan entre menos 25 grados y 50 grados centígrados y con el mayor depósito salino de Chile (y el tercer salar del mundo). Ese inhóspito lugar será el escenario del último reto de Julio Antolín, un operario de mantenimiento del Parador Nacional de Turismo que en sus ratos de ocio ejerce de ultrafondista.

Julio Antolín cogió ayer en Madrid un vuelo que le llevará a Chile, donde participará en la carrera del desierto de Atacama: 250 kilómetros a recorrer en seis días, llevando lo necesario para ello excepto el agua, que facilita la organización. Una carrera de subsistencia. Un desafío a los que Julio Antolín ya está acostumbrado, tras competir en pruebas por todo el mundo.

El Atacama Crossing forma parte del 4 Deserts, una competición internacional organizada por la compañía estadounidense Racing the Planet. Es una de las carreras más exigentes del mundo, que se abrirá el domingo con la primera etapa de la carrera de Atacama y que proseguirá en los meses sucesivos por los desiertos del Gobi y Sahara y la Antártida.

Julio Antolín, de momento, solo piensa en Atacama. Para ello se ha preparado a conciencia el último mes, aprovechando sus vacaciones para aclimatarse a la altitud de Chile. Así, estuvo en Pirineos, en los Picos de Europa, en la Sierra de Gredos.

«Empiezo el domingo y acabo el viernes. Y después tomaré un vuelo de regreso a Ribadeo, porque el lunes trabajo». La frase demuestra el espíritu de este tipo de deportistas: «Estar todo el tiempo por encima de los tres mil metros de altitud es muy exigente. En la prueba en la que estuve en Nepal, en las cien millas del Himalaya, iba sin aclimatarme y regresé con un principio de edema. Fue un poco complicado». Las condiciones fueron parecidas a las que se encontrará ahora en Chile: «Así es, pero allí nos facilitaban la comida. Aquí no va a ser así. Tenemos que salir con todo incluido en la mochila excepto el agua. Serán unos 250 kilómetros repartidos en seis días, con una media diaria de entre 35 y 45 kilómetros. Cada etapa es diferente y depende de cómo te responda el cuerpo. Lo que está claro es que siempre vas a tener un día malo».

¿Correr 250 kilómetros en esas condiciones? «Hombre, a tanta altura y por sitios tan complicados estar siempre corriendo es imposible. Hay que tener en cuenta que en algún punto de encuentras desniveles que te obligan a gatear», añadió.

«Mi cuerpo aguantaría más, pero el bolsillo no»

«La organización nos facilita unas tiendas, que suelen ser una simple lona para cortar el viento. Yo, por mi parte, llevo un saco de dormir y la comida. Mi mochila para los seis días pesa seis kilos y eso que además de la comida incluyo el material obligatorio, mantas térmicas y el botiquín. Teléfono esta vez no llevo», añadió Julio Antolín.

No obstante, en todo momento los más de cien participantes en esta carrera están controlados por un equipo médico, con posibilidades de evacuación.

Julio Antolín participará por primera vez en esta carrera. Solo la inscripción le cuesta unos 3.000 euros. Y no hay premio en metálico para el ganador. Para sufragar los gastos cuenta con pequeñas ayudas, por ejemplo de la Diputación. «¿Por qué me meto en estas aventuras? Todos tenemos un punto raro que nos lleva a hacer estas cosas. Yo antes corría maratones y ahora... Realmente si no participo en más pruebas es porque me cuesta mucho dinero y prácticamente lo pago yo todo. El cuerpo a lo mejor aguantaría más, pero el bolsillo no. Lo cierto es que las lesiones me han ido respetando, pero acabo de cumplir 47 años y ya me empiezan a pasar factura. Para esta prueba me veo regularcillo», concluye.

 

Foto de archivo de nuestro compañero Julio Antolín